¿Qué relación existe entre el intestino y el cerebro y cómo interactúan entre ellos?

¿Cómo mejorar su conexión?

El eje microbiota, intestino, cerebro y sus grandes proyecciones: tu comunidad celular externaliza muchas de sus funciones en la microbiota en una relación de ganar-ganar. Estudios recientes abren la vía para entender cómo nuestra corteza prefrontal puede afectar la salud intestinal.

En los últimos años se ha visto cómo el intestino modula la respuesta del cerebro, y la influencia del eje intestino, cerebro, microbiota. De hecho, el intestino es el segundo órgano del cuerpo donde viven más neuronas, se calcula que alrededor de 100 millones, que llegan a funcionar de forma independiente. Además, el sistema digestivo alberga una gran variedad de microorganismos que conviven con nuestras células, a las que ayudan en muchas tareas. La microbiota es sumamente personal y se ha visto en estudios cómo después de cinco años es posible reconocer a una persona mirando su composición.

Es importante mantener la salud de esta gran comunidad de microorganismos. Sin embargo, culturas del bienestar como la nuestra tienden a reducir la flora intestinal debido al estrés, a nacimientos con cesárea, a la contaminación, a los malos hábitos de alimentación y al sedentarismo. Con ello se generan problemas en el eje microbiota, intestino, cerebro que pueden llegar a provocar incluso trastornos neurológicos y mentales.

En esa gran revolución de las neurociencias de hoy en día acerca de la relación bidireccional entre el cerebro y el resto de los órganos del cuerpo, en 2017 salió publicado un estudio, «Phase-amplitude coupling at the organism level: the amplitude of spontaneous alpha rhythm fluctuations varies with the phase of the infra-slow gastric basal rhythm», que mostró cómo la actividad eléctrica del intestino —el ritmo eléctrico básico (REB)— regula las ondas cerebrales alfa. Las neuronas se comunican en 5 lenguajes que son 5 tipos diferentes de ondas. En concreto las ondas alfa, cuya frecuencia es de entre 8 y 12 disparos neuronales por segundo, se ocupan de regular la atención, siendo las ondas más activas a lo largo del día, porque nos ayudan a prescindir de distracciones y centrarnos en las cosas. Lo que se descubrió es que el 8 % de esas ondas alfa tienen que ver con ese campo eléctrico que se emite desde el intestino.

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